Distinguimos
dos tipos de respeto. Por un lado, el respeto que considera que el profesor es
una figura superior, como por ejemplo podemos observar aquí:
“Había un profesor que no le podíamos llamar por su nombre, nos
decía que le teníamos que llamar como más formal por ejemplo: “Don Juan”.”
“Tuve
un profesor en 1º de la E.S.O al que teníamos que llamarle “Don José”, era un
profesor que imponía mucho y cuando se enfadaba nos daba miedo.”
Pensamos que este tipo
de respeto se ha ido perdiendo, ahora hay menos profesores que exigen eso y lo
vemos bien ya que hay que evitar la jerarquía para que los alumnos puedan
dirigirse a los maestros con tranquilidad y confianza y no con el “miedo” de
que se trate de una figura superior.
Por
otro lado, entendemos el respeto como algo mutuo: si yo respeto al alumno, él me va a respetar a mí, si yo le doy lo que él me pide desde el punto de vista docente, él me va a responder de la misma forma, si yo soy respetuoso a la hora de poner un examen, coherente en las preguntas que pongo, los trato con educación y corrección... Ese respeto mutuo surge de la interacción entre profesor y alumno, no de la imposición autoritaria del respeto educativo del que hablábamos en primer lugar.
Otras veces se producen faltas de respeto hacia el profesor:
“Lo que más recuerdo
es que en 6º de primaria un compañero de mi clase no mostraba ningún tipo de
respeto a mi tutora y siempre la “sacaba de sus casillas”. Sin embargo, los
demás compañeros y yo siempre mostrábamos ese respeto hacia ella”.
“Incluso en esta
etapa de bachillerato, algunos compañeros de mi clase no mostraban respeto
alguno a los profesores, y más aún a aquellos que no presentaban una cierta
dureza con estos alumnos.”

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